entrometida en asuntos ajenos.
Salta y rasguña,
los despojos de un desvelo.
Muerde y clava sus colmillos,
en el recuerdo del pasado.
Con esos ojos verdes por la tarde
y negros por la noche.
La pupila se aumenta al desborde un reproche.
Expandiendo esas agallas y energía.
Sube y baja,
corriendo buscando un aperitivo.
Maulla y vibra,
con todo su cuerpo recostado en tu pierna.
Se esconde y se tira,
sobre su espalda en busca de caricias.
Con esa inocencia divina,
que sólo ella podría poseer.