Decaída, dolida y perdida.
Me siento adolorida y cansada de tanta tecnología.
La rutina, la misma vida. Día con día.
Un país roto y sufriendo.
Grita poco a poco exigiendo,
un cambio radical,
un renacer total.
Pensativa, reflexiva y contra el suelo.
La misma vida, con tanta porquería,
con toda su oscuridad.
¿Qué lugar puedo llamar hogar?
Si en ningún lado me siento cómoda.
Sumisa, ante la violencia.
Pasiva y con fuerte consciencia,
de mantener la cordura ante la locura.
Tolerante, hasta donde se pueda,
luchando a diario contra la marea.
Suposiciones ciegas, conclusiones abiertas,
redirigidas como misil a su objetivo.
Te enfrentas con un monstruo vestido de minino.
Que no tiene conocimiento de su estado.
Inmutable, la misma vida.
La misma familia, el mismo país, la misma rutina.
Sin descanso, no hay plegarias, no hay quejas.
Tremendo rencor y fuerte enclaustramiento de mis pensamientos.
Emociones intensas comienzan a surgir,
control debo poseer.
Porque sin dirección camino,
pero siempre al mismo destino.
Porque lo único que tengo asegurado.
Es este destino a tu lado.