La vida pesa, puede pesar 200 gramos como puede pesar 100 kilos. Tú decides cuanto quieres que pese la tuya, porque al final del día todo depende de ti.
Mi vida pesa, todas las vidas pesan, si no pesaran no serían vidas porque estarían vacías. Una vida vacía no es vida. Mi vida pesa y pesa mucho, desde las noches sin dormir, los sacrificios, las entregas no reconocidas, el amor no correspondido, las gracias nunca recibidas hasta ese pequeño error de ortografía.
Pesa saber que no todos son felices, que no todos tienen los recursos básicos para vivir, pesa estar lejos de alguien que amas con todo tu corazón y pesa tener que pelear entre amistades.
Pesa estar sola. Pesa sentir que nunca alcanzarás esa meta, pesa el hambre, el sueño, el cansancio. Pesan tus brazos en mis hombros. Pesa tu ansiedad y pesa tu ausencia. Pesa todo lo que a todos les pesa, pero no todos tienen tanto peso.
Las heridas pesan, las decepciones pesan, las hospitalizaciones pesan. Pesan como el dinero, cuando no hay suficiente. Nunca es suficiente. Pesan como los sueños que cada vez se ven más lejos, pesan como la imperfección de no alcanzar el nivel. Pesa como las críticas y pesa como las recompensas. Todo pesa, lo bueno y lo malo. Pesa saber que en un mes las cosas cambian, que en un segundo alguien se pierde y que en estos momentos alguien sufre violencia. Pesa saber que estás haciendo las cosas mal y pesa más no poder corregirlo.
Pesa en la mente, en la cabeza, en las entrañas. Pesa en el estómago, en las piernas, en los párpados, pesa en la garganta. Hay cosas que pesan tanto que no hay báscula que las mida. Pesa cada segundo perdido, y pesa cada minuto compartido.
Pesa la excelencia, pesa la impaciencia, pesa la terquedad y pesa la soberbia.
Pesa mi alma y mi corazón con cada latido. Pesan tanto que casi no respiro. Pero pesan tan bien, que sigo el camino. Pesa tanto, y seguirá pesando hasta que ya no pueda soportar.